Anouk de Lesparda sobre la fusión de diseño, imagen y valores de marca en Flor de Caña
Beatriz Ruiz para NAN Arquitectura
Flor de Caña es un nuevo espacio en Madrid, diseñado por AdeL, que se presenta como un oasis urbano y un viaje inolvidable de los sentidos. Con este objetivo en mente, Anouk de Lesparda ha buscado materializar el compromiso de Flor de Caña con la sostenibilidad a través de un diseño que además pone en valor la marca.
A lo largo de una visita, hemos querido hablar con ella sobre el espacio y cómo ha sido el proceso para hacerlo realidad, sin perder de vista los dos aspectos fundamentales del diseño: la sostenibilidad y la experiencia de cliente.
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El diseño del espacio
La idea es que al entrar, y antes de hacer el recorrido, los visitantes perciban un ambiente cálido y acogedor, inundado de luz natural y con una combinación de materiales naturales como la madera y la piedra, junto con elementos reciclados como el ladrillo visto.
«El diseño del espacio se pensó para que fuera un viaje narrativo coherente, dirigiendo la vista de las personas hacia los puntos clave en cada momento. El recorrido sigue el flujo de la experiencia: se empieza en la zona de ventas, donde se reúne el grupo, luego pasan por Eco, después llegan a 1890, continúan con la degustación en la bodega, aprenden a servir el ron, pasan a la Masterclass para crear ambiente y finalmente terminan personalizando su propia botella.
En cuanto a la estructura, se aprovechó casi todo tal cual estaba. Solo se hicieron algunos cambios estratégicos. Por ejemplo, en la zona de ventas, se tiró un tabique para colocar un cristal que conectara visualmente con la zona de Crea tu propia botella, permitiendo más luz y reforzando la sensación de bodega con las barricas en las paredes.
Inicialmente, la bodega estaba donde ahora es 1890, pero hicimos ajustes. Desde Nicaragua querían ese orden, pero estando aquí y analizando el espacio, propusimos trasladarla a una zona más cerrada y tranquila, con menos luz, lo que ayudó a darle la atmósfera adecuada.»


Sostenibilidad en todos los detalles
La sostenibilidad, como eje central del diseño, queda reflejada en la recuperación de materiales originales y la integración de elementos naturales. El mobiliario utiliza materiales cálidos, principalmente madera, y elementos de recuperación, como alfombras de segunda mano. La clave es la adaptación de mobiliario de segunda mano, lo que forma parte de la esencia y los valores del espacio y la marca.
«Hubo muebles que llegaron en estado inacabado, como uno que tenía patas pero no puertas ni cajones. Poco a poco, fuimos adaptando todo para que cada pieza cumpliera su función dentro del espacio. Todo el proyecto tuvo un enfoque muy a medida. Recuperación y adaptación fueron clave, desde los rieles reutilizados para la librería hasta los muebles transformados para cumplir nuevas funciones»
Y es que efectivamente, se utilizaron antiguos rieles de tren y baldas de madera recicladas para crear la estantería que almacena las botellas vacías, haciendo un guiño al tren Ingenio de San Antonio. Porque la marca prioriza la sostenibilidad tanto en los materiales como en su cultura, lo cual no está exento de desafíos.


«Lo de la segunda mano fue un proceso muy pensado. No se trataba sólo de encontrar piezas aisladas, sino de asegurarnos de que cada una encajara en la experiencia y el recorrido del visitante. Se buscó en Wallapop, en el Rastro, en Valencia y Alicante, pero siempre con una idea clara en mente. Primero se definieron los colores, volúmenes y materiales según cada zona: Eco, 1890, Ventas, Masterclass, etc. Y luego, la estructura y la paleta cromática fueron la base para que todo tuviera coherencia visual.»
El espacio se distribuye en varias zonas, cada una diseñada para ofrecer una experiencia específica. La zona de ventas y recepción se unen, utilizando un mueble de segunda mano adaptado, y en ella se aplicaron los colores de la marca en las paredes, como el verde, el azul y el aguamarina. Así, al visitar una tienda Flor de Caña en México, Nicaragua o Madrid, se percibe la esencia de la marca. No obstante, hay ajustes según el mercado y la clientela, ya que la europea, y en particular la de Madrid, es diferente a la de Nicaragua, México, Estados Unidos y otras regiones. Por eso, se hace una adaptación específica a Madrid y España, tal como nos explicaba Anouk.
Zona de ventas y recepción
«Hay varias zonas. La primera es la de ventas y recepción, que se unen porque van de la mano y donde tenemos a las Meninas, que son de aquí. La tienda participó con su propia Menina en el evento de Madrid y les gustó tanto que contrataron a un artista para personalizarla. Para esta zona escogimos un mueble de segunda mano que originalmente era de salón o cocina y lo adaptamos con una base para facilitar su uso. Nos fuimos más allá de Alicante, a una warehouse donde los muebles están apilados y los adaptan al color y tinte que uno elige. Por ejemplo, los cajones y puertas no estaban, es una adaptación de mobiliario de segunda mano, parte de la esencia y los valores de Flor de Caña.
Lo mismo ocurre con la alfombra, que compramos a un chico colombiano que vende de segunda mano en el Rastro. Con él adquirimos varias cosas, como el perchero y pequeños objetos decorativos. La parte de segunda mano es clave, y el proceso fue muy rápido: en menos de tres semanas montamos todo. Aunque la estructura e instalaciones tomaron más tiempo»

Durante la visita que hicimos al local, Anouk recalcó varias veces cómo se pensó siempre en la sostenibilidad, y muchos de los muebles incluidos en el espacio ya habían sido utilizados, siendo tintados y mejorados para darles una nueva vida.
«La sostenibilidad es clave, tanto en los materiales como en la cultura de la marca, por lo que cada detalle fue escogido en esa línea.»
La zona ECO, por la que se pasa antes de llegar a las barricas, es un manifiesto de sostenibilidad sofisticada, donde la naturaleza se fusiona con el diseño mediante plantas naturales suspendidas en el falso techo, creando una sensación selvática y purificando el aire. Siempre siguiendo las directrices del libro de marca.
«Aquí se quería crear un bosque y que la flora estuviera muy presente. En esta zona específica se debía implementar el color verde, porque representa lo más ecológico posible. Como el espacio era un pasillo, se tuvo que transformar por completo, y propusimos suspender vegetación en el falso techo. No es 100% natural, es geolifilizada, pero mantiene la sensación eco».

La transformación de la zona ECO.

Zonas experienciales
La zona «1890», que es la siguiente en el recorrido, rinde homenaje a la historia de Flor de Caña, utilizando molduras alrededor de las puertas y objetos antiguos para transportar al visitante a una época pasada, contrastando con elementos contemporáneos. Aquí, la apuesta por objetos reciclados y de segunda mano es más patente, incluyendo mobiliario como sofás isabelinos, gramófonos y escritorios antiguos.
«Cuando llegas a esta zona, entras en el área de experiencias. Aquí, los grupos se sientan, se prueban collares, sombreros y se hacen fotos para sumergirse en la esencia de la marca. El espacio está diseñado para que se sienta como una hacienda de 1890. El mobiliario es parte clave de esa ambientación. Por ejemplo, el sofá que compramos y restauramos o los accesorios como telescopios, abanicos y relojes refuerzan la experiencia. Para este proyecto, hicimos alrededor de 35 compras en Wallapop, desde collares y relojes hasta lámparas y marcos. La logística fue todo un reto: coordinar compras, hacer pagos por Bizum, mandar Ubers a recoger cosas, lidiar con vendedores que cancelaban o cambiaban de opinión. Además, en la app no te dan factura, así que justificar todo con el cliente para los reembolsos fue otro desafío.
Las pantallas de televisión están enmarcadas para integrarlas con la estética del espacio y que no parezcan simplemente televisores. Siempre están encendidas con imágenes de la marca, funcionando como cuadros digitales. Es el mismo concepto que en la entrada, pero con una tonalidad verde más tenue.
Los armarios ya estaban en el local, pero para darles un toque más acorde con la marca, añadimos detalles de yeso de época y los hicimos de sistema push, para que se abrieran con un leve toque. Se utilizan para almacenar reservas de botellas. Fue una manera de aprovechar lo que ya había, respetando tiempos y presupuesto, pero dándole identidad a la marca.»

La zona 1890 durante la renovación.

El mismo espacio ya rehabilitado y adaptado a la marca.
Cómo recrear un ambiente de bodega
A través de una puerta pegada a ‘la hacienda’, se accede a la zona dedicada al añejamiento y a la correcta manera de servir el ron, la cual cuenta con barricas de roble dispuestas en penumbra con luminosidad teatral, creando una atmósfera que evoca las bodegas de la marca.
Aquí el diseño ha jugado con un ambiente más oscuro, con las paredes pintadas en marrón chocolate para sumergir al visitante en la experiencia. Esto ayuda a la intención de la marca, que busca ser didáctica, enseñando a los clientes sobre la historia del ron, cómo tomarlo y apreciarlo con los cinco sentidos a través de sus catas interactivas donde se explica el proceso de destilación, el envejecimiento en barrica y las características organolépticas del ron.
«En esta zona de degustación, la gente se sirve por sí misma y experimenta el ron de manera más sensorial. La alfombra no solo absorbe las gotas que puedan caer, sino que también mejora la acústica, ya que en este espacio suelen reunirse hasta 15 personas. Aunque todo es bastante oscuro, se decidió no colocar demasiados cuadros porque no se apreciarían bien»
Por todo ello, el diseño ha sido pensado en base a la experiencia de cliente, que se centra en la inmersión sensorial: el olfato con los aromas del ron y el café; el tacto con las texturas de los materiales naturales; la vista con la belleza de los objetos y la armonía de los colores; y además la sala se aísla del ruido de la ciudad para favorecer dicha inmersión.

La experiencia de la masterclass
En la parte inferior del local se encuentra la zona de la Masterclass. El lugar se puede describir como una cueva cóncava única con una barra central de un intenso azul cobalto, inspirada en los tonos del mar Caribe. La iluminación tenue y cálida acentúa la experiencia sensorial, permitiendo que los aromas y sabores de los rones se expresen plenamente. En lugar de mesas separadas, se optó por una barra para fomentar una interacción más dinámica durante la preparación de cócteles.
«A diferencia de otras tiendas o experiencias de Flor de Caña, que suelen tener mesas separadas como en un restaurante, aquí optamos por una barra. Originalmente, Nicaragua había propuesto un espacio con una pantalla al fondo, una encimera y seis mesas pequeñas con bancos. Sin embargo, dado el tamaño del lugar, propusimos la barra, ya que en Europa la gente disfruta más este tipo de interacción».
Durante la creación de cócteles la iluminación se utiliza estratégicamente para guiar la atención y crear diferentes ambientes en cada zona. Mientras que en la bodega había una luz tenue, en la zona de la masterclass hay una gran barra donde los grupos aprenden sobre la historia del ron, cómo mezclarlo, cómo servirlo y preparar cócteles. «Algunas zonas se mantienen ocultas hasta que es el momento adecuado para que la gente las descubra, se suele iluminar solo ciertas áreas para guiar la atención» explicaba esta vez Nacho, el guía de todo el recorrido.

Así se veía la zona de la masterclass…

…el resultado final, con el ladrillo visto.
Anouk destacaba que aunque el espacio de la masterclass no es enorme, está bien distribuido en diferentes zonas, con el almacén en el lado derecho, donde se encuentra el fregadero, el área de corte y otro frigorífico, funcionando como “el backstage del espacio”. Y a la izquierda los aseos, que comparten espacio para hombres y mujeres.
«El único inconveniente estructural es la accesibilidad para personas con discapacidad. No se hicieron cambios estructurales porque eso habría requerido una nueva licencia y, con ella, la obligación de instalar un ascensor. Pero hacer un ascensor aquí sería imposible. En general, el recorrido está pensado para que las personas con movilidad reducida disfruten de la experiencia en la parte superior, ya que el acceso a la tienda es completamente accesible y hay un baño adaptado arriba. Es un tema importante, y se intentó hacer lo mejor posible dentro de las limitaciones del espacio. Para cumplir con normativas actuales, tendríamos que haber remodelado completamente y eso habría implicado perder el concepto original del lugar.»
La experiencia termina en la zona «Crea tu propia botella», donde los visitantes se convierten en mixólogos, personalizando su propia mezcla a partir de diferentes añadas contenidas en barricas dispuestas verticalmente. «Las barricas fueron diseñadas con el proveedor para que algunas fueran medias barricas. Esto da sensación de profundidad y dinamismo, además de optimizar el espacio. Si hubiéramos usado barricas completas en todas partes, habríamos perdido funcionalidad. También ayuda a diferenciar visualmente las barricas que contienen producto de las que son decorativas».
«El diseño ha sido pensado en base a la experiencia de cliente, que se centra en la inmersión sensorial»
¿Diferenciarse es la clave?
La duda que planteamos a Anouk tras la visita fue la siguiente: ¿esta tendencia de experiencia inmersiva está aquí para quedarse, ahora que parece que todo se compra por Internet?
«Hoy en día, diferenciarse es clave, y las experiencias inmersivas marcan la diferencia, por eso hay cada vez más demanda. No solo en proyectos comerciales, sino también en residenciales. En República Dominicana, España, Francia y otros países hemos trabajado en espacios donde las personas quieren experiencias diferenciadas, incluso dentro de sus casas.
Pero además, en retail es fundamental el trato humano. Puedes tenerlo todo digitalizado, pero si falta la interacción personal, la experiencia no es la misma. Lo inmersivo funciona mejor cuando hay alguien que te acompaña, te explica y está presente en el proceso.
Por ejemplo, actualmente muchas marcas inician su estrategia de forma digital antes de abrir un espacio físico. Lo hacen para generar exclusividad y construir su identidad antes de invertir en una tienda. Por ejemplo, un cliente mexicano quiere abrir una perfumería de nicho en España y nos pidió una propuesta. Pero luego cambió su estrategia: primero posicionará la marca online y, cuando tenga suficiente reconocimiento, abrirá la tienda física. Eso crea la percepción de exclusividad y deseo antes de que haya un punto de venta físico.
Es decir, la experiencia inmersiva hoy en día va muy de la mano de lo digital, como lo que hacen en Matadero con sus proyecciones. Pero para mí, la parte humana es lo que realmente la hace especial. Lo que vivimos aquí con la historia, los cócteles, las catas… eso no se puede replicar en digital. No es solo una experiencia inmersiva, es una experiencia viva, una experiencia real.»
Si quieres conocer otro proyecto más de AdeL, te recomendamos la transformación de una antigua portería en el barrio de La Chopera, Madrid, en el que de la mano de la arquitecta Isabel Velarde, Anouk dio vida a un micro-loft de 43 m².