Una casa que permanece exactamente igual durante 20 años probablemente ha dejado de acompañar a quienes viven en ella
Nuria Moreras para ¡Hola!
El director de su propio estudio, con sede en Valencia y Madrid, y profesor en Barreira Arte + Diseño, desgrana los elementos que, según su experiencia, marcan la diferencia entre una casa bien decorada y un auténtico hogar, desde la luz natural hasta las piezas que cuentan una historia.
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Una casa se mira, pero un hogar se vive. Esa frontera, aparentemente sutil, es la que persigue el interiorismo cuando deja de pensar en metros cuadrados y empieza a pensar en personas. Entre ambas hay capas: luz, materiales con memoria, color que emociona, confort invisible y piezas con historia. Ningún catálogo puede vender esa sensación, y tampoco depende del presupuesto: se construye a base de decisiones pequeñas que, con el tiempo, terminan hablando de quien vive allí. Sigfrido Serra, interiorista fundador de Sigfrido Serra Studio (www.sigfridoserra.com) y Premio Escala de Interiorismo al Proyecto Residencial 2026, concedido por IDEQUO Madrid Interior Design School, repasa con nosotros los ingredientes que convierten cuatro paredes en un verdadero hogar.
Libros, objetos heredados y piezas que cambian de sitio: las señales que delatan una casa vivida
Cuando Sigfrido entra por primera vez en una vivienda, hay algo que le indica de inmediato si ese espacio está realmente vivido. “Lo percibes al entrar. Una casa vivida tiene capas”, explica el interiorista. Se refiere a la convivencia de piezas nuevas con otras antiguas, a los libros, los recuerdos y el arte que se acumulan con el tiempo, a esos objetos que han cambiado varias veces de sitio dentro de la casa.
Son estas casas las que más le interesan, porque cuentan una historia sin necesidad de explicarla. Se construyen precisamente a través de esas capas superpuestas, no de una decoración cerrada desde el primer día. Para él, una casa realmente vivida tiene alma, nunca es del todo perfecta, y es justamente en esa imperfección donde reside su belleza.
Esta cocina, reformada por AdeL, sería prácticamente total white, salvo por la colorista composición de cajas de galletas y cereales vintage que se expone sobre el extractor.